CUERPO DE GESTIÓN: PLAZAS DESIERTAS OTRA VEZ
16 de iraila de 2026
Hoy ha salido la calificación de la última prueba de la fase de oposición del Cuerpo de Gestión. Lo que acaba de ocurrir en el proceso selectivo del Cuerpo de Gestión del Principado de Asturias es una auténtica barbaridad, 9 plazas van a quedar desiertas.
Hay plazas, hay necesidad de personal, hay personas que llevan meses y años preparándose y, aun así, el proceso vuelve a terminar con plazas sin cubrir.
Desde CSIF estamos cansados de que, cuando esto ocurre, parezca que toda la responsabilidad es siempre de quien oposita. Porque hay una pregunta que empieza a ser inevitable: si quedan plazas desiertas en promoción interna y también quedan plazas desiertas en turno libre, ¿qué está pasando aquí?
¿De verdad nadie sirve?
¿No hay empleados públicos con experiencia suficiente para promocionar? ¿Tampoco hay aspirantes suficientemente preparados en el turno libre?
¿O quizá ha llegado el momento de preguntarse si lo que no está funcionando es el propio sistema de selección?
Qué casualidad. Siempre falla el opositor. Nunca falla el proceso.
Las oposiciones no pueden convertirse en un escaparate para demostrar quién es capaz de poner el ejercicio más complicado. Un tribunal no está para demostrar cuánto sabe ni para convertir una oposición en una carrera de obstáculos. Está para seleccionar, con rigor y objetividad, a personas capacitadas para desempeñar las funciones reales del puesto.
Seleccionar no es eliminar por eliminar. Y rigor no significa diseñar procesos destinados a que cada vez llegue menos gente al final.
Hay una diferencia enorme entre exigir conocimientos suficientes para desempeñar un puesto y plantear pruebas cuya dificultad termina provocando que plazas que la propia Administración considera necesarias se queden vacantes.
- Promoción interna: plazas desiertas.
- Turno libre: plazas desiertas.
Entonces, ¿qué hacemos? ¿Concluimos que nadie sirve para trabajar en la Administración del Principado? ¿Que quienes llevan años trabajando dentro tampoco sirven para promocionar? ¿Que quienes han dedicado meses o años a preparar una oposición tampoco tienen nivel?
¿O empezamos de una vez a revisar a quienes deciden cuál debe ser ese supuesto “nivel”?
Quizá el problema no sea que nadie sirve. Quizá el problema sea que estamos confundiendo selección con eliminación.
Cuando el ego, el exceso de celo o la obsesión por convertir los procesos en filtros de élite pesan más que las necesidades del servicio público, el resultado está a la vista: plazas vacías y necesidades sin cubrir.
Si algún miembro de un tribunal necesita demostrar su valía poniendo exámenes imposibles, quizá se haya equivocado de escenario: una oposición no es un concurso de talentos ni una exhibición de ego. Quien quiera lucirse, que busque un escaparate; quien forma parte de un tribunal tiene una obligación mucho más seria: seleccionar con rigor, proporcionalidad y responsabilidad, no dejar plazas desiertas para alimentar su propia sensación de exigencia.
Los tribunales tienen independencia técnica, pero independencia técnica no puede significar ausencia absoluta de responsabilidad. Quien forma parte de un órgano de selección ejerce una función pública de enorme importancia y sus decisiones afectan a los aspirantes, a las plantillas, a la propia Administración y, finalmente, a la ciudadanía.
Por eso, cuando un proceso termina dejando plazas desiertas, la Administración tiene la obligación de analizar qué ha ocurrido. Hay que revisar la dificultad de las pruebas, su adecuación a las funciones reales del puesto, los criterios aplicados y el resultado final.
Y si se detectan decisiones o criterios desproporcionados que hayan frustrado injustificadamente la finalidad del proceso selectivo, deberán exigirse las responsabilidades que correspondan.
Porque independencia técnica no significa cheque en blanco.
Y después llega lo más absurdo: las plazas siguen existiendo, la necesidad sigue existiendo y el trabajo sigue existiendo. Pero las plazas quedan vacías.
¿Y qué viene después? Temporalidad, interinidad, dificultades de cobertura, nuevas convocatorias, más gasto público, más burocracia y vuelta a empezar.
Un auténtico éxito.
Se convocan plazas porque hacen falta, se movilizan recursos públicos, cientos de personas estudian y se examinan durante meses y, al final, algunas plazas vuelven a quedar desiertas.
Y todavía habrá quien considere que eso demuestra la calidad del proceso.
Desde CSIF consideramos que demuestra exactamente lo contrario: un proceso selectivo que deja plazas necesarias sin cubrir tiene que ser analizado y, si este resultado se repite, el modelo tiene que cambiar.
No estamos pidiendo rebajar la exigencia. Estamos pidiendo que la exigencia tenga sentido.
Queremos procesos rigurosos, proporcionados y adaptados a las funciones reales del puesto. Queremos seleccionar personas preparadas, no fabricar pruebas para presumir de cuántas personas se quedan por el camino.
Y ante lo ocurrido, CSIF exige con carácter urgente una reunión con la Directora del IAAP y con el Director General de Empleo Público para abordar el resultado de este proceso y, en general, la situación de los procesos selectivos que están terminando con plazas desiertas tanto en promoción interna como en turno libre.
CSIF no va a seguir viendo cómo los procesos selectivos se despeñan mientras nadie asume responsabilidades. Si no nos reciben, iremos nosotros. Basta de silencios, excusas y desprecio hacia quienes se juegan su futuro en estos procesos.
Queremos explicaciones y queremos soluciones.
Menos ego. Menos carreras de obstáculos. Menos plazas desiertas.
Más sentido común. Más responsabilidad. Más servicio público.
GRAN ACUERDO DE SELECCIÓN ¡YA!