CSIF alerta: “Sin medios no hay prevención: la sanidad pública quema a sus profesionales”

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27 de abril de 2026

CSIF Sanidad

CSIF alerta: “Sin medios no hay prevención: la sanidad pública pone en riesgo a sus profesionales”

En el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo, 28 de abril de 2026. La prevención no se improvisa: necesita medios. La grieta invisible de la sanidad pública: profesionales al límite en un sistema que no protege.

El Sistema Nacional de Salud no atraviesa únicamente una crisis de recursos. Afronta una crisis estructural de salud laboral que permanece en gran medida oculta. No estamos ante hechos aislados. Estamos ante un modelo que ha normalizado el desgaste.
18.563
Agresiones notificadas en 2025
51
Agresiones diarias a profesionales sanitarios
14.606
Accidentes laborales en jornada en actividades sanitarias
30.713
Enfermedades profesionales comunicadas en España

📈 Evolución de las agresiones notificadas

17.070
2024
18.563
2025
+8,74 % respecto al año anterior

📊 Radiografía del deterioro laboral

Agresiones notificadas 18.563
 
Accidentes laborales con baja 620.000+
 
Enfermedades profesionales reconocidas 30.713
 

España frente a Europa

Alemania
 
100k+
Francia
 
85k
Italia
 
60k
España
 
30k

⚠ Riesgos estructurales en sanidad

 
Sobrecarga y presión asistencial
Riesgos psicosociales y salud mental
Agresiones y siniestralidad

La presión asistencial sostenida, las plantillas insuficientes y la falta de tiempo configuran entornos de trabajo con una elevada carga física y psicosocial. A ello se suma un factor cada vez más determinante: la violencia contra profesionales sanitarios. Según datos del Ministerio de Sanidad, en 2025 se notificaron 18.563 agresiones, lo que equivale a 51 agresiones diarias, con un incremento del 8,74 % respecto al año anterior. No es un fenómeno puntual: es un riesgo laboral estructural.

Pero la violencia no es el único indicador del deterioro. La siniestralidad laboral sigue siendo elevada. En 2025 se registraron en España más de 620.000 accidentes de trabajo con baja y alrededor de 735 fallecimientos, cifras que evidencian que la prevención no está funcionando con la eficacia necesaria. En actividades sanitarias, se registraron 14.606 accidentes laborales en jornada y 6.988 accidentes in itinere. En el ámbito sanitario, estos riesgos se traducen en sobrecarga física, lesiones musculoesqueléticas, estrés crónico y un impacto creciente en la salud mental.

A pesar de este contexto, el sistema sigue fallando en un punto crítico: el reconocimiento del daño laboral.

En 2025 se comunicaron en España 30.713 enfermedades profesionales, una cifra claramente insuficiente si se compara con países de nuestro entorno: Alemania supera las 100.000, Francia las 85.000 e Italia las 60.000. España mantiene una de las tasas más bajas de reconocimiento de la Unión Europea, lo que evidencia un problema estructural de infradeclaración.

Este desfase no responde a una menor incidencia real, sino a un fallo en la detección y en el reconocimiento. Muchas patologías derivadas del trabajo, especialmente las relacionadas con riesgos psicosociales, salud mental, enfermedades respiratorias o determinados cánceres de origen laboral, no se registran como contingencia profesional, sino como enfermedad común.

El resultado es doblemente injusto

  • Se debilitan los derechos laborales de las personas trabajadoras.
  • Se trasladan costes al sistema público de salud que deberían asumir las contingencias profesionales.

Este fenómeno tiene causas identificadas: desconocimiento por parte de los profesionales, falta de implicación de empresas y mutuas, y una estructura preventiva claramente insuficiente.

Porque ese es el núcleo del problema: la prevención existe en la norma, pero falla en la práctica.

Los servicios de prevención están infradotados, con escasez de técnicos en PRL, personal sanitario especializado, presupuesto específico y recursos. Esto impide realizar evaluaciones actualizadas, vigilancia efectiva de la salud y adaptaciones reales de los puestos de trabajo.

Todo ello ocurre, además, en un contexto contradictorio: 2026 ha sido declarado Año de la Seguridad y Salud en el Trabajo, y la Estrategia Española de Seguridad y Salud 2023-2027 establece como prioridades mejorar la detección de enfermedades profesionales, reforzar los sistemas de notificación e integrar los riesgos psicosociales. Sin embargo, estos objetivos no se están traduciendo en cambios efectivos en los centros sanitarios.

Desde CSIF Sanidad Nacional lo advertimos con claridad: no es sostenible un sistema sanitario que funciona a costa del deterioro de sus profesionales.

En el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo, CSIF exige medidas estructurales urgentes

  • Refuerzo estructural de la prevención y de la Inspección de Trabajo.
  • Regulación de ratios mínimos de técnicos de prevención y profesionales de medicina y enfermería del trabajo.
  • Evaluaciones reales de riesgos psicosociales, con impacto directo en la organización del trabajo.
  • Refuerzo de plantillas para reducir la sobrecarga asistencial.
  • Garantizar presencia efectiva de la prevención en los centros sanitarios, no solo de forma centralizada.
  • Dotación de presupuestos específicos, medios materiales y tecnológicos suficientes.
  • Cobertura de seguro de responsabilidad civil profesional y defensa jurídica.
  • Formación obligatoria, específica y periódica en riesgos y enfermedades profesionales.
  • Cumplimiento de la legislación mediante la contratación de personal sanitario con la titulación exigida, eliminando la figura del “médico reconocedor”.
  • Incorporación de profesionales de psicología en los servicios de prevención.

La evidencia es clara: la salud laboral en sanidad no puede seguir siendo una cuestión secundaria.

No es aceptable haber normalizado el dolor, el daño no reconocido y una prevención más formal que efectiva.

El sistema sanitario necesita profesionales sanos para poder cuidar. Ignorar esta realidad no solo es una injusticia: es un riesgo directo para la calidad asistencial y la sostenibilidad del propio sistema.

La prevención no puede seguir siendo un discurso. Debe ser una garantía real. Y eso exige medios, voluntad política y responsabilidad institucional.

La prevención no se improvisa. Necesita medios.

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