Buena parte de los centros educativos andaluces no están preparados para afrontar episodios de calor cada vez más tempranos, más intensos y más frecuentes. Esta realidad, que CSIF Educación Andalucía viene denunciando de forma reiterada, afecta directamente a las condiciones laborales del profesorado y del resto del personal de los centros, así como al bienestar, la salud y el aprendizaje del alumnado.
La Administración educativa dispone de protocolos e instrucciones ante olas de calor o altas temperaturas excepcionales, pero esos documentos no pueden convertirse en la respuesta principal a un problema estructural.
No basta con pedir a los centros que se organicen, que adapten horarios, que busquen espacios más frescos o que gestionen situaciones extremas si no se les dota previamente de recursos, infraestructuras adecuadas y condiciones materiales suficientes.
Los protocolos pueden ayudar a gestionar una situación de emergencia, sin embargo, el verdadero problema es estructural: la mayor parte de los centros educativos andaluces carecen de infraestructuras climáticas adecuadas, y la Ley de Bioclimatización aprobada en Andalucía hace 6 años sigue sin su puesta en práctica.