VI CONVENIO COLECTIVO: CUANDO EL GOBIERNO NECESITA UN TITULAR Y ALGUNOS SINDICATOS UN PAPEL: DEL BLOQUEO AL MILAGRO EN TRES MESES
27 de maiatza de 2026
El Gobierno necesita vender un VI Convenio. Lo necesita como sea. No por los trabajadores, no por mejorar nuestras condiciones, no por justicia laboral después de décadas de abandono. Lo necesita para la foto. Para el titular. Para poder presumir de que “después de 20 años, este gran gobierno lo ha conseguido”, igual que ya intentó vendernos la nueva Ley de Empleo Público como una revolución histórica cuando muchos trabajadores saben perfectamente que es un auténtico desastre.
Y para vender ese relato necesitan algo fundamental: usar a los empleados públicos. Pero claro, no pueden hacerlo solos. Necesitan la colaboración imprescindible de quienes todavía se hacen llamar sindicatos mientras actúan más como departamentos auxiliares de la Administración que como herramientas de defensa obrera.
Porque pretender ahora que en apenas tres meses va a aparecer mágicamente un convenio cuando en más de dos años no ha habido avances reales, solo puede significar dos cosas. O el VI Convenio ya estaba pactado a puerta cerrada entre los de siempre, lejos de los trabajadores y de cualquier transparencia, o algunos van a tener que descubrir ahora la jornada laboral de 24 horas, el trabajo sin descanso y una fe infinita en que la Administración, de repente, se haya convertido en una entidad generosa y receptiva a todas las reclamaciones que lleva décadas ignorando.
Es curioso. Fue CSIF quienes denunciamos la necesidad de modificar el VConvenio para poder abrir una negociación real y casualmente aquellos que lo criticaban y siguen criticando ( UGT calienta que sales) ahora solo quieren negociar un VI Convenio.
Algunos estamos para dar pasos al frente, aunque incomode. Para denunciar trampas, exigir cumplimiento y defender a los empleados públicos, aunque eso nos convierta en incómodos para la Administración y para sus sindicatos colaboradores. Otros, en cambio, parecen haber asumido otro papel mucho más cómodo: sostener políticamente a este gobierno, justificar sus tiempos, blanquear sus maniobras y vender como conquistas lo que en realidad son retrocesos maquillados.
Luego dirán que somos alarmistas. Claro. También decían exagerados a quienes avisaban de que el Convenio se estaba utilizando como herramienta política y no como instrumento para mejorar condiciones laborales. Pero el tiempo, ese mal compañero de las farsas, acaba quitando máscaras.
Nosotros no somos alarmistas. Somos realistas. Y quizá ese sea el verdadero problema: que señalamos lo que otros quieren tapar, que decimos en voz alta lo que muchos comentan en privado y que nos negamos a participar en este teatro sindical donde algunos fingen enfrentarse a la Administración mientras le sujetan el decorado para que nada se caiga.
Porque hay quien está en las mesas para defender trabajadores… y hay quien está para garantizar titulares al Gobierno. Y por mucho que intenten disfrazarlo de responsabilidad, consenso o “avance histórico”, cada vez más empleados públicos saben distinguir perfectamente entre quienes luchan y quienes simplemente administran la resignación.
“Continuará… porque el VI Convenio aún no ha terminado de escribirse, pero ya sabemos quién lo está dictando.”