Cuidado con los accidentes laborales, ¡Que no cobras, maestra!
18 de Marzo de 2016

Como todos sabemos, ya llevamos varios años en los que nos “roban” parte de nuestro sueldo por enfermar, aunque el proceso infeccioso nos lo haya contagiado nuestros propios alumnos. Claro, es difícil demostrar que un maestro no es inmune a la varicela y que los 14 casos en su propia tutoría no han tenido que ver nada en el contagio, como le pasó al mismo que escribe este artículo…

Pero en esta ocasión me refiero a otra táctica para “robarnos” nuevamente parte de nuestro sueldo. Ahora se trata de no considerar accidente laboral las consecuencias de decenas de situaciones en las que nos vemos envueltos los docentes y que pueden provocar un accidente laboral con la consiguiente baja médica.

Así, nos estamos encontrando situaciones de docentes que en el cumplimiento de sus funciones han sido objetos de accidentes laborales, y sin embargo, la resolución de la propia Delegación de Educación ha sido contraria a dicho reconocimiento.

Y, ¿cuál es el motivo principal para dicha denegación? Pues es bien sencillo, y es que “se rompe la secuencia lógica de concatenación de los hechos”. Es decir, que desde que se produce el accidente laboral hasta que vas al médico pasa un tiempo tal que no se puede verificar que la lesión haya sido por dicho accidente. Resumiendo, te lo deniegan por no ir al médico en el momento del accidente, o al menos llamar a los servicios médicos para que vengan al centro.

En mi opinión se aprovechan de los docentes en tanto la responsabilidad y vocación superan al derecho y casi obligación de acudir al servicio médico en el momento del accidente. Es decir, para los docentes dejar nuestro puesto de trabajo es dejar solos a nuestros alumnos, y eso es algo que nos pensamos mucho antes de llegar a ello.

Sin embargo los tiempos están cambiando, y tenemos que concienciarnos que nadie va a valorar nuestra vocación, y que a ojos de la administración somos un trabajador más, por lo que debemos comportarnos como tal. De ahí, que si tenemos cualquier tipo de accidente laboral debemos acostumbrarnos a acudir a los servicios médicos de inmediato y que sea el centro educativo el que se encargue de suplirnos

Pues así estamos los docentes, a los pies de los caballos. Sin embargo, no acaba aquí la cosa. Se habla de comenzar a dar informes no favorables aquellos en los que el accidente se produce llevando a cabo una acción fuera de nuestras obligaciones como por ejemplo moviendo una cajonera, caernos de una escalera (mientras colgamos un mural de nuestros alumnos, por ejemplo) o bajando por las escaleras “a pulso” a un alumno en silla de ruedas por falta de ascensor, o caernos del escenario en la fiesta de fin de curso mientras participas con tus alumnos en el baile de fin de curso o simplemente subes a saludar, ya que según la administración es una “actividad voluntaria”.

Al final terminaremos por dejar de tomarnos nuestro trabajo como una vocación, y eso, y es solo mi opinión, no hace buena a ninguna profesión.