¿En qué cambia nuestra vida las 35 horas semanales?
El presidente de CSIF EPE (Entidades Públicas Estatales) escribe en primera persona acerca de una medida, las 35 horas semanales, que va más allá de una moda o de un eslogan. "Es un mensaje dirigido a toda la ciudadanía", señala.

No es un eslogan. Tampoco es un pin pegado a la solapa. En realidad, es algo más: es un mensaje dirigido a la toda la ciudadanía y a las administraciones que significa una prioridad: trabajo de calidad y calidad de vida. Un juego de palabras unido, innegociable en nuestra visión de la vida como Sindicato, donde un día, que ya resulta lejano, entendimos que las 35 horas semanales son parte de nuestra personalidad. Por eso nunca nos alejamos de ellas. Ni siquiera en los peores momentos de la crisis, porque juzgamos que es una idea realista del trabajo y recordamos que, si ya se ha realizado en la Administración, ¿por qué no va a poder volver a realizarse en el futuro?

Es más, ahora que se reabren las opciones y que se apunta la disposición por parte de Montoro de devolver las 35 horas semanas, CSIF reivindica esta medida desde el punto de vista más democrático posible. ¿Qué necesidad hay de crear diferencias? ¿Acaso es necesaria provocar esa tensión? ¿Qué clase de política sería esa? En este sentido CSIF no admite duda. En nuestra escala todos los empleados públicos, sean de la administración o de entidades estatales, forman parte de la misma categoría: no hay primera ni segunda división.

Hacienda estima que el coste de devolver a los empleados públicos las 35 horas semanales oscila entre 800 y 1.200 millones de euros. Pero hay inversiones que implican enormes satisfacciones. Las 35 horas no sólo son una meta. También la puesta en escena de una vida mejor que se manifestará en la calidad de los servicios que reciben los ciudadanos y en la creación de un empleo de calidad sin el que nunca se entendería nuestra biografía sindical.

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Por Manuel González Molina, presidente CSIF EPE (Entidades Públicas Estatales)