Revolución educativa en marcha
28 de Marzo de 2015

Escuela, Sección Comunidad Educativa, Semana del 25 al 31 Mar. 2015, Editorial Wolters Kluwer

El cambio pedagógico que necesita el sistema educativo ya está en funcionamiento. A las distintas iniciativas de centros que desde hace años ya trabajan por una educación distinta, se han sumado los Jesuitas de Catalunya, una red que acoge a ocho escuelas y 13.000 alumnos. Estos colegios han empezado a aplicar un nuevo modelo de enseñanza adaptado a las necesidades del siglo XXI, que sitúa al estudiante en el centro del aprendizaje, destierra las asignaturas, los exámenes, las clases magistrales y los horarios rígidos, y apuesta por el trabajo globalizado.

Una visita al colegio Sant Pere Claver, en el barrio de Poble Sec de Barcelona, permite comprobar los cambios que han experimentado las aulas. Se han tirado tabiques para crear espacios amplios, coloridos y luminosos, sumamente agradables, inspirados en las escuelas de Finlandia, donde pueden desarrollarse diferentes actividades de manera paralela y a cargo de distintos profesores. Estas aulas acogen a un mayor número de niños que la clase convencional, alrededor de 50, pero también son atendidos por más educadores. Comprobamos que en el aula de 1º y 2º de Primaria los alumnos trabajan con cada uno de los tres docentes: un grupo hace actividades de Castellano, el otro refuerzo de Matemáticas, y un tercero, sesión de Biblioteca y refuerzo de Lectura.

En otros tres centros de la red, Jesuïtes Clot, Jesuïtes Sant Gervasi y Jesuïtes Lleida, el cambio se ha empezado a implementar en 5º de Primaria. La Fundación ha hecho una especial apuesta por los años comprendidos entre 5º de Primaria y 1º de ESO. Han creado una nueva etapa, que llaman “etapa intermedia”, para englobar estos cursos, pues entienden que una de las principales carencias del sistema tradicional se encuentra precisamente en la dificultad para motivar a los alumnos de estas edades.

Los responsables de Jesuitas Catalunya se plantearon el reto de “luchar contra el absentismo emocional: niños que vienen a la escuela por obligación, pero que no disfrutan del hecho de aprender”, explica Joan Blasco, director del Jesuïtes Sant Gervasi. “Hemos observado que a partir de 5º de Primaria es cuando se produce la desconexión por parte del alumno. Pierde la capacidad de asombro y el deseo de aprendizaje. El paso de la Primaria a la Secundaria no está bien resuelto. Hay un cambio del maestro al licenciado que resulta muy abrupto. No está acompasado con el desarrollo de los alumnos”, añade Josep Menéndez, director general adjunto de Jesuïtes Educació.

Alumnos motivados

Desde que empezó a aplicarse el método pedagógico en esas tres escuelas, a principios de septiembre, el cambio de actitud por parte de los alumnos ha sido automático. Muchos han recuperado su predisposición a dejarse maravillar por los misterios de la vida y el conocimiento. “Nos lo dicen las familias. Sus hijos han cambiado. Han pasado de una actitud pasiva a demostrar entusiasmo por lo que hacen. Llegan a casa y hablan de todo: de lo que han aprendido en la escuela, de las noticias del día… vienen más contentos”, relata Menéndez.

La clave para esta inyección de motivación en el alumnado se encuentra en el tipo de actividades que realizan en el aula, donde los estudiantes han adquirido un rol mucho más activo. En el trabajo globalizado, por proyectos y en equipo, ellos deciden qué temas quieren explorar y cómo lo van hacer. Pasan de ser meros espectadores y pasivos receptores de información, a tener un papel decisivo en su propio aprendizaje. “Hemos invertido la tendencia tradicional: el alumno no va a la escuela a recibir conocimiento y luego hace deberes en casa. El colegio se convierte en el centro de la práctica”.

Las asignaturas se destierran porque se entiende que la orientación académica por áreas estaba dejando de lado la visión integral de la persona. “La división de horarios en asignaturas no ayuda a integrar los conocimientos en un alumno. La metodología es muy dispersa y el aprendizaje no es práctico”.

Algunos de los proyectos en los que ya han trabajado los alumnos son la creación de un congreso de meteorología, que incluyó ejercicios como la elaboración de un presupuesto y que concluía en una sesión abierta a las familias, convertidas en clientas de ese congreso. La integración de conocimientos relacionados con las Ciencias Sociales, la Historia, la Geografía, las Matemáticas o el Arte se ha trabajado en proyectos como el bautizado La vuelta al mundo en ochenta días, u otro dedicado al Imperio Romano. También se han hecho iniciativas como la elaboración de una línea del tiempo, de la prehistoria hasta el presente. Para este trabajo, los alumnos, organizados en equipos, han consultado en Internet, han realizado una línea del tiempo a escala y situado, en un mapa interactivo, ciudades y hechos históricos.

Los contenidos curriculares que no tienen cabida en los proyectos, como por ejemplo, la elaboración de raíces cuadradas, se explican en las llamadas “unidades didácticas especializadas”, que tienen una estructura más magistral, pero presentan una duración más breve que las clases tradicionales, y están controladas en el tiempo.

Cada día, los alumnos dedican los primeros veinte minutos de la jornada a plantear en equipo los objetivos del día y los veinte minutos finales al balance de las actividades realizadas, lo que permite que los estudiantes puedan fijar mejor y ser más conscientes de los conocimientos que adquieren en cada jornada.

Adiós a los exámenes

Los exámenes como herramienta central han desaparecido porque se entiende que no son útiles para medir el conocimiento adquirido por el alumno. Sus competencias se demuestran en el trabajo por proyectos, un enfoque que, de hecho, está en mayor sintonía con las demandas actuales del mundo laboral. “Los empleos están cada vez más orientados a compartir conocimiento y a la investigación. Nadie puede demostrar que una persona que escribe algo en un examen sabe más sobre un tema que otro”, subraya Menéndez, quien sin embargo hace un inciso: se siguen haciendo exámenes, aunque de manera más esporádica y complementaria al resto del trabajo.

Las notas por materias constan en el boletín, ya que es un requisito que demanda la Administración. Este se compone de dos partes: la principal, que muestra de manera detallada el avance del alumno en las diferentes áreas por competencias personales, y una segunda parte más breve, donde se traducen esas competencias a las puntuaciones tradicionales por asignaturas.

Las posibles inquietudes sobre la adecuación de este sistema a las demandas de la Lomce (Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa) que incluirá reválidas a final de cada etapa, se resuelven con una actitud optimista y relajada. “Se lo decimos a los padres: tranquilidad. Hemos decidido no fijarnos en los cambios legislativos, siempre inciertos. Nosotros nos centramos en nuestro trabajo y nuestra apuesta, e intentamos hacerlo lo mejor posible. No sabemos cuál va a ser el futuro de esa ley. Probablemente no le quede mucho tiempo de vida. Si llegara a ser necesario adaptarse en algunos aspectos a ella, ya lo arreglaríamos. Nosotros creemos que estamos preparando bien a nuestros alumnos para las competencias básicas y, si llega el día en que tienen que ser examinados de manera externa, lo harán muy bien”.

Formación del profesorado

Uno los aspectos clave del proyecto pedagógico, que lleva por nombre Horitzó 2020, se encuentra en la formación del profesorado. Durante el curso pasado, los docentes que iban a formar parte de la experiencia piloto en la etapa intermedia, que se ha empezado a impartir este curso, participaron en el llamado Programa de incorporación, en el cual se hicieron intensas sesiones de formación que se prolongaron durante nueve semanas. A lo largo de este tiempo, los docentes dejaron de dar clases para enfocarse plenamente en el proceso formativo.

“Las sesiones tenían dos objetivos principales: el primero era interpelar al deseo de los educadores. Hablamos de cuestiones vocacionales que aspiraban a hacer como docentes. El segundo, formarlos en las nuevas metodologías”, puntualiza Menéndez. En este curso se hizo mucho énfasis en el trabajo por equipo entre el profesorado, porque es un elemento muy presente en la nueva manera de trabajar. “Se ha hecho un cambio cultural muy grande en los docentes”.

Los creadores del proyecto han tomado como referencia las corrientes innovadoras de la pedagogía, la psicología y la neurociencia, y las han vinculado a los principios y valores de la pedagogía ignaciana. “Se ha ido al supermercado de las pedagogías y se ha cogido el mejor producto”, define el director general adjunto de la Fundación. Entre estos referentes se encuentra Howard Gardner, y su Teoría de las Inteligencias Múltiples, que llama a superar una visión reduccionista de la inteligencia basada solo en la capacidad para el razonamiento lógico, y define hasta ocho tipos distintos de inteligencia: la lingüístico-verbal, la lógica-matemática, la espacial, musical, la corporal cinestésica, la intrapersonal, la interpersonal y la naturalista.

El colegio Montserrat, de Barcelona, que ha sido uno los primeros centros en España en aplicar la teoría de Gardner, ha sido estudiado con lupa por los jesuitas catalanes, que también han visitado el trabajo realizado en el Padre Piquer, de Madrid. Este instituto de Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional, también dirigido por la Compañía de Jesús, con altos niveles de alumnado inmigrante, apostó por el trabajo cooperativo en aulas espaciosas.

El Aprendizaje Basado en Problemas (ABP), que invita al alumno a buscar soluciones de manera autónoma, es otro de los referentes, así como la escuela inteligente de David Perkins o la Teoría Pass de la Inteligencia (creada por Das y Naglieri), que proporciona un modelo para conceptuar la competencia o aptitud intelectual humana, y describe tres unidades básicas de funcionamiento: el input o entrada de la información, el procesamiento central y el output o respuesta.

56.000 propuestas para un cambio

El proyecto pedagógico Horitzó 2020 surgió de una reflexión. En 2009, los responsables de Jesuïtes Educació pusieron sobre la mesa la observación de que la escuela tradicional no estaba ayudando a los alumnos a adaptarse a la sociedad del siglo XXI. Vieron la necesidad de un cambio y promovieron un proceso de participación en el que preguntaron a una comunidad de 13.000 personas, entre profesores, personal de gestión, alumnos y familias de las ocho escuelas de la red, qué transformaciones querrían ver en su escuela en 2020.

Los participantes respondieron con más de 56.000 respuestas en las que plasmaban sus ideas, propuestas, peticiones, inquietudes, sueños y proyectos de futuro, y mostraban una voluntad de cambio y el deseo de caminar hacia un nuevo modelo pedagógico que tuviera más en cuenta al alumnado y lo hiciera protagonista de su propio aprendizaje. Entre los comentarios de los alumnos predominaba la observación de que las escuelas son “tristes”, y pedían aulas “más coloridas y alegres”, con “profesores más contentos”. Los docentes y responsables del proyecto tomaron nota e iniciaron el proceso de transformación de los ambientes, insertados en antiguos edificios del siglo XX. El reto: convertirlos en espacios del siglo XXI.

¿Y qué pasa con la escuela pública?

En los últimos días, desde que saltara a los medios generalistas la nueva propuesta educativa de los Jesuitas de Catalunya (a la que ESCUELA ya había dedicado un reportaje bajo el título Un sueño para 2020 en su número 4.004, del 5 de diciembre de 2013), han proliferado las reacciones y valoraciones de expertos del ámbito de la enseñanza en relación a la noticia.

El catedrático de la Universidad Complutense, Mariano Fernández Enguita, escribía en su blog un post titulado Hay que quitarse el sombrero frente a los Jesuitas, en el que mostraba su sorpresa ante el camino emprendido por la Compañía, que asegura “tiene todos los ingredientes de una transformación radical de la escuela”. Añade que hubiera preferido que una iniciativa de estas características viniera por parte de la escuela pública, pues los colegios de la orden ignaciana “van a seguir siendo confesionales y la mayoría de ellos elitistas”, pero saluda y aplaude la voluntad transformadora de sus responsables. Califica de “bomba” que una orden religiosa venga a “agitar las aguas estancadas del sistema educativo español y a dar sopas con honda a la escuela pública”.

Por su parte, Xavier Martínez-Celorrio, profesor de Sociología de la Educación de la Universitat de Barcelona, se suma a las alabanzas y asegura que la noticia tiene “trascendencia histórica”. Plantea que una transformación igualmente radical debería producirse en la escuela pública, donde desde hace años muchos directores y docentes llevan a cabo proyectos transformadores “casi de forma clandestina, tanto por ser poco conocidos como por tener que esquivar el control restrictivo de los departamentos de Educación”.

En la misma línea, Miguel Sola, profesor de Didáctica de la Universidad de Málaga, lamenta que los colegios públicos que apuestan por la innovación y que “hacen lo mismo que anuncian ahora los Jesuitas para sus centros”, tengan que “desgastarse en una pelea continua contra las fuerzas de la burocracia”. Critica que la consejera de Educación catalana, Irene Rigau, y los inspectores afectados hayan aplaudido la iniciativa, cuando son numerosos los casos de directores de centro que deben paralizar sus proyectos innovadores porque sus inspectores de zona consideran que no cumplen con los estrictos horarios establecidos por la ley.

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