Plantillas reducidas, inestables y precarias en las universidades públicas
23 de Octubre de 2017

El profesorado de las universidades públicas sigue perdiendo efectivos según se demuestra al analizar los datos de la secuencia histórica. Si en el curso 2010/11 contaban con 104.756 profesores, en el curso 2015/16 el número había caído hasta los 101.020, es decir, 3.736 docentes menos. Mientras y durante ese mismo período, las universidades privadas incrementaban el número en 6.612 profesores según los datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. De tal manera que durante el curso 2015/16 el 14’5% del Personal Docente e Investigador de las universidades españolas pertenecía ya a las universidades privadas.

Durante esos mismos años, en las universidades públicas, el Personal de Administración y Servicios (PAS) se redujo en 3.407 efectivos y en la privada se incrementó en 3.429 personas.

La inestabilidad y la precariedad son los males endémicos de estas plantillas reducidas. De los 101.020 docentes universitarios del curso 2015/16 en las universidades públicas hay 41.689 profesores no estables, es decir, el 41’12% son contratados con duración determinada. El relativo equilibrio entre funcionarios y laborales que impone la LOMLOU (impidiendo que el PDI contratado supere el 49% del total) se va rompiendo y según la Estadística del personal de las universidades del MECD del curso 2015/16 hay 45.863 profesores funcionarios (45’3%) y 55.157 profesores contratados (54’7%).

Algo similar ocurre con el Personal de Administración y Servicios de nuestras universidades públicas. El último informe de la Fundación CYD indica que el 21’3% de la plantilla del PAS es inestable mientras que el 78’7% (51.054 personas en el curso 2015/16) era plantilla estable o permanente, es decir eran funcionarios de carrera no interinos, o tenían un contrato indefinido.

Capítulo aparte merece la situación del personal empleado investigador conformado por 17.467 trabajadores en el curso 2015-2016 que son el paradigma de una situación laboral inestable y precaria. Parte de ellos (39’9%) entraron en las universidades a través del artículo 83 de la LOMLOU con cargo a proyectos/grupos de investigación y el grupo mayoritario (58’3%) fueron contratados mediante convocatorias públicas competitivas. De aquí, más del 80% eran investigadores predoctorales inmersos en la universidad a través de convocatorias de formación de personal investigador o formación de doctores (FPI) y de convocatorias de formación de profesorado universitario (FPU). En estas labores de I+D están también los 4.756 trabajadores a los que el MECD define como personal técnico de apoyo a la investigación.

Además, los límites impuestos por la tasa de reposición durante los últimos años ha provocado un cada vez más preocupante envejecimiento de la plantilla. Los datos son evidentes: la edad media del PDI de las universidades españolas era de 49 años en el 2015/16, mientras que el porcentaje de PDI menor de 35 años era sólo del 7’7% (un 8’1% en el caso del PAS). Por otro lado, el Personal Docente e Investigador mayor de 60 años es ya del 14’4%.