ACOSO EN EL TRABAJO.LAS VICTIMAS: ALGUNOS RASGOS
09 de Mayo de 2013

Desde el Sector Nacional de CSI-F de la AEAT como todos sabéis se publica una revista periodica sobre Acoso en el Trabajo. Compartimos con vosotros esta edición que nos ha resultado interesante sobre las características o rasgos de las víctimas de acoso laboral.

Quienes realizamos la labor de ayuda, orientación y tratamiento a víctimas de riesgos psicosociales (como CSI.F Ayuda) llegamos rápidamente a algunas conclusiones con respecto a los usuarios o pacientes, la primera es que todo trabajador puede caer víctima de este tipo de daño. Sin embargo, también se nos hace patente que hay circunstancias ambientales, rasgos de personalidad, incluso avatares en sus vidas que parecen tener una especial incidencia y protagonismo en estos procesos. Iremos viendo algunas de ellas:

LOS ENVIADIABLES: aunque ellas son seguramente las ultimas en enterarse, lo cierto es que hay un tipo de personas que alimentan sin pretenderlo la amargura y sinsabores que padecen los envidiosos del bien ajeno. La envidia de la que estamos hablando es un rasgo difícil de entender para quienes no la han sentido en carne propia, o la han percibido de forma poco lacerante y esporádica. El envidiado conoce poco o nada del proceso de la envidia y de sus posibles consecuencias. Esto se explica por el hecho de que quien posee cierto grado de felicidad y sentimiento de adecuación o armonía en su vida, desconoce el sentimiento de vaciedad y frustración permanente de quien se siente infeliz, pero ve la felicidad en otra persona cercana. Es muy frecuente confundir deseos o ambiciones con la envidia. Así es común tener en mente una imagen de la envidia asociada a los bienes materiales, a las posesiones y en general con todo aquello que tiene que ver con tener; mientras que en realidad la envidia la padece aquel que ve en otros lo que son, y claro, de todo aquello que disfrutan por ser como son; haciéndose patente por comparación sus propias carencias. Un coche de lujo, una vivienda mejor, un puesto de trabajo superior, son objeto de ambición, se desea su posesión y disfrute; por el contrario el liderazgo, la integridad, la autenticidad, la felicidad... son aquellas características o dones que definen la esencia de la persona y son el verdadero objeto de la envidia.

La envidia tiene que ver con el ser, no con el poseer.

Desde esta perspectiva nos es mucho más fácil entender cómo un jefe puede envidiar a un subordinado; cómo alguien que tiene más, envidia a alguien que tiene menos; la explicación está en que ese jefe lo que está envidiando no es el puesto de trabajo de su subordinado, sino lo que su subordinado es y de lo que él, siendo su jefe, carece. Abunda en la amargura y frustración del envidioso el hecho de que al haber incorporado valores de tipo competitivo/materialista a su plan de vida (más tienes = más feliz eres) le resulta insoportable comprobar cómo, tras todos sus esfuerzos por tener más cosas, ante sus mismas narices aparece alguien que no ha luchado cómo él, y aún así se permite el lujo de ser feliz. Ante la amargura y vaciedad personal, el simple hecho de ser razonablemente feliz puede constituir el móvil real de una situación de hostigamiento o acoso. En la inmensa mayor parte de los casos de hostigamiento laboral es el sentimiento de envidia el que arranca el proceso que puede terminar en mobbing o acoso institucional.

Si eres una persona capaz de llevar una vida que siga la misma línea que tus ideas, es decir coherente, íntegra, estás en una zona de mayor riesgo para sufrir daños en el campo de los riesgos psicosociales. La felicidad, la coherencia, la integridad, tener ideas propias, defenderlas y vivir con ellas por bandera; genera empoderamiento, fortaleza personal, liderazgo informal (ajeno a jerarquías); sitúan a quien las disfrute en la zona diana de los envidiosos. Si además el envidioso resulta ser quien por su cargo debería desempeñar un liderazgo del que carece de forma natural, el riesgo entra en la zona roja de mayor peligro.

Desde CSI.F te invitamos a reflexionar sobre estas cuestiones para que tu mejor conocimiento de este riesgo te permita poder anticiparte a lo potencialmente dañino, a neutralizar estas situaciones de la mejor forma, y desde luego a hacerlo sin abandono de lo que eres, aunque eso sea precisamente lo que te pueda estar poniendo en riesgo.