El verano más atosigante para los empleados de Correos
Un afiliado de CSIF explica en primera persona lo que genera la falta de contratación en los puestos de trabajo.
11 de Septiembre de 2020

Siempre habíamos pensado que lo más duro en Correos venía a partir de otoño a medida que se acercaba la Navidad. Si había un mes para el que tenías que estar preparado ése era el mes de diciembre en el que también se podía ganar más dinero. Al menos, en el Correos de antes casi siempre te ofrecían hacer horas extraordinarias y, hacerlas o no, ya era cuestión de cada uno: cada empleado es un mundo.

Sin embargo, este último verano ha roto todos los esquemas en los 22 años que llevo en la misma unidad de distribución. No quiero precisar donde por si algún compañero le molesta. Pero sí puedo decir que, a día de hoy, somos once carteros y entre todos nos repartimos la faena. La solidaridad es una palabra a la que damos mucho valor. Pero nunca pensamos que llegaríamos a un extremo como el de este verano.

Cuando volví del mes de vacaciones me encontré que, de los once compañeros, éramos seis. Quise pensar que sería una situación muy provisional. Pero la realidad es que esta situación se ha mantenido indefinidamente en un verano en el que la paquetería ha salido hasta debajo de las piedras. Y como ya no se cubren todas las vacaciones ha sido imposible hacerla frente. Al menos, en los tiempos de entrega que la ciudadanía merece.

No hay que ser extremista pero agradecería que la Dirección de Correos leyese esta carta. No entiendo de porcentajes ni de planes empresariales. No sé si esta falta de personal es responsabilidad de Correos o es culpa de los recortes del Gobierno que ya han empezado. Pero sea de quien sea, desde esta oportunidad que me ofrece CSIF, pretendo decirles que nuestro trabajo como carteros o el de los compañeros de clasificación o el de los que están detrás de una ventanilla es importante. Al menos, nosotros lo consideramos así. Y para hacerlo bien no podemos ir a mil por hora porque entonces nos arriesgamos a equivocarnos, a lesionarnos o hacer las cosas mal.

Y nadie quiere eso en su trabajo. Pero esto es lo que hay, a día de hoy, en Correos y, desde nuestra humildad, seguimos sin entender por qué se ha roto ese pacto de caballeros de cubrir todas y cada una de las vacaciones de verano de los empleados. Era algo que aquí parecía sagrado. Pero este verano nos ha demostrado que no y nos ha dejado con la sensación de que el mundo no va a mejorar así, tal y como se denuncia desde el sindicato.