El tercer grado del sindicalismo
El presidente del CSIF EPE Manuel González Molina explica lo que la sociedad espera de un sindicato de corte europeo y moderno como el nuestro: la eficacia. “No podemos improvisar nada, no podemos ir contra corriente, ni podemos ir apagando fuegos”, señala.
21 de Septiembre de 2017

En el pasado está la diferencia. “Antes con nuestra representación, costaba un mundo que nos recibiese el presidente de la SEPI y por el hecho de hacerlo se suponía que debíamos estar agradecidos. Pero hoy no hay problema, porque las mayorías respaldan nuestras exigencias o planteamientos y toman en consideración en SEPI y empresas públicas”, explica Manuel González Molina, presidente del sector EPE (entidades públicas estatales), radiografía obvia del sindicalismo. “Casi tengo más años metidos en el sindicato que en el cuerpo”, dice y se admite ese juego de palabras que, en realidad, explican que todo tiene un pasado, la voz de la experiencia, casada con un oficio sin horarios. “He tenido dos muertos y uno de ellos no se me olvidará nunca. Me llamó a las dos de la mañana y le dije, ‘joder, Pedrito, ¿no te das cuenta de la hora que es? ¿no podemos esperar a mañana?’ A las seis de la mañana, el hombre apareció ahorcado. Si lo hubiera sabido le hubiera entregado el día entero, hasta la semana entera, lo que hiciese falta, porque esas son las historias humanas que no se olvidan nunca, no se pueden olvidar”.

De ahí que hoy sea un hombre inseparable de su pasado “y de la acción social que implica un sindicato”. Pero ese es el precio de los años, “desde 1977 cuando apareció el primer germen del CSIF, que se ofrecía a coger la bandera del sindicalismo para defender nuestros intereses y los del compañero”. Y eso es lo que González Molina trata de explicar hoy, a los 65 años, “sin necesidad de imponer nada”, defensor de ese mensaje (“tú trabajo nos hace mejores”) que sus delegados escuchan como un acto de fe. “Somos un sindicato de corte europeo y moderno; la tercera fuerza sindical, a día de hoy en España”. Un escenario en el que CSIF siempre será fiel a su carnet de identidad. “Tenemos un carácter solidario y negociador, convencidos de que una buena acción sindical es lo que nos da afiliación, y eso pasa por planificar las visitas en los centros de trabajo en los que no podemos improvisar nada. No podemos ir apagando fuegos. No podemos ir contra corriente, y yo todo eso lo resumo a través de la técnica de hablar con la gente o a través de ese cuerpo a cuerpo. Al final, eso es lo que nos ayudará a defender nuestros intereses en la mesa de negociación”.

En realidad, más que un discurso, es una forma de ser en la que se mezclan pasado y presente. La posibilidad de trabajar con palabras, las mismas que han fortalecido a CSIF a los ojos del mundo. “Nuestro ámbito de influencia no sólo es laboral. También lo es político. Es más, somos un sindicato generalista y ahí está la guerra que hemos planteado a la Administración entorno a las 35 horas y la recuperación del poder adquisitivo de los empleados, que es noticia y que no dejará de ser noticia en los medios”. Pero ése vuelve a ser el resultado de tantos días de pelea, en los que González Molina recuerda que nadie nace aprendido. “Ayer no, pero hoy sí. Hoy, podemos ir en solitario donde queramos. Tenemos la capacidad de no aceptar las propuestas del gobierno, porque hemos llegado a ese punto en el que no debemos esperar a que nadie nos mueva para que caigan las aceitunas: ya las recogemos nosotros”.

Por eso ahora, en este inicio del sector EPE (empresas públicas estatales), su palabra no cede frente al entusiasmo. “Es obvio que vamos a seguir creciendo porque cada día entra en el sindicato gente más valiosa”. Y entonces le respaldan datos como los de la Comunidad de Madrid, “donde empezamos con 9.000 afiliados y ya vamos por 16.000”. Pero en un día así tal vez se pueda prescindir de los números o de las estadísticas que, en cualquier caso, sólo serían el reflejo de las palabras. “Tenemos que lograr lo que los trabajadores y la sociedad esperan de nosotros”, vuelve a insistir González Molina, a tomar prestada la palabra y, si es preciso, a regresar a esa vieja madrugada en la que quién le iba a decir que aquel hombre iba a aparecer ahorcado a la mañana siguiente. Porque todo eso resume lo que es o no es un sindicato, el poder de la acción socio sindical, en realidad, la posibilidad hasta de salvar vidas. "Hay que planificar. No podemos ir apagando fuegos”, sentencia.