¿De qué valen las huelgas?
CSIF regresa a esta pregunta ahora que los funcionarios van a salir a la calle para exigir la equiparación salarial con las CCAA. “El fracaso de una huelga no es de los trabajadores, sino del sindicato”, recuerda Francisco Iglesias, nuestro vicepresidente nacional
16 de Junio de 2017

Es una pregunta necesaria que cruza fronteras. Una pregunta que Francisco Iglesias, vicepresidente nacional del CSIF, ha escuchado demasiadas veces desde que se afilió al sindicato a los 19 años: “Una huelga tiene por objeto sociabilizar un conflicto cuando ya se han agotado prácticamente todas las vías del diálogo. Por lo tanto, siempre será una herramienta válida”. Una herramienta que, en cualquier caso, exige mucho tacto como explica Manuel González Molina, presidente del Sector EPE (Entidades Públicas Estatales) de CSIF. “Porque una huelga se sabe cuándo empieza pero no cuando termina. Por eso siempre hay que partir de una pregunta: ‘¿es razonable, es viable, acaso se puede hacer?”.

“En una empresa con pérdidas no es lógico convocar una huelga para una subida salarial”, asiente Paco Iglesias, que ha vivido infinidad de huelgas y apenas recuerda “las que desconvocásemos sin conseguir nada porque eso es un fracaso sindical sin precedentes”. Por lo tanto, no sólo se trata de ponerse ahora en el lugar de los trabajadores, sino también de preguntarse: “¿Qué sentido tiene la huelga que vas a hacer?”, se pregunta González Molina. “¿Va a ser factible cambiar voluntades con ella? Una huelga siempre ha de ser muy pensada, porque en teoría y en la práctica es la última herramienta que nos queda. Nunca puedes dejar de preguntarte si realmente es viable y si no vas a perjudicar mucho a la empresa con ella”.

Francisco Iglesias apela a la ideología de la huelga. “El éxito es que la sociedad sea consciente de lo que pasa y que la injusticia se pueda corregir. Si se consigue socializar el conflicto, si se consigue que tenga una repercusión social y que el empresario sea consciente de lo que pasa, esa huelga siempre estará justificada”. Máxime si se cumple o se aproxima a los plazos iniciales como interpreta González Molina. “El problema es cuando la huelga se enquista y empieza a cundir la sensación de que no se va a conseguir nada con ella. Por eso hay que tener tanto cuidado al utilizarla”. Y la única manera de hacerlo es sin obsesiones que puedan maltratar el acuerdo, “porque una huelga siempre ha de terminar con un acuerdo”, insiste Francisco Iglesias. “No nos podemos obcecar nunca en el ‘todo o nada’. Al final, sería utilizarla mal y no informar a los trabajadores como se merecen. Por eso yo siempre digo que el fracaso de una huelga no es de los trabajadores, sino del sindicato”.