CSIF defiende solamente la enseñanza pública
17 de Octubre de 2018

OPINIÓN DE CSIF TRAS LOS HALAGOS DE REY A LOS LASALIANOS

Cada vez que se trae a colación alguna denuncia de los trajines de la enseñanza privada y concertada, una horda de personajes (del mundo de la comunicación y de la política, sobre todo) desempolvan sus argumentos contra la escuela pública. ¿Por qué? Porque a nuestro juicio el descrédito de lo público favorece el ejercicio de la arbitrariedad política y da amparo a decisiones incívicas. Construir una administración profesional, neutral y eficiente es posible en casi toda Europa, menos aquí. Y los que defendemos que es más profesional, más neutral y más eficiente mantener solo una red pública y que haya centros privados (no subvencionados) que cumplan la normativa educativa como en Finlandia, Suecia, Dinamarca, Alemania y la mayoría de los Estados de la UE (y del mundo) tenemos, a veces, que pasar por antiguos y torpes, si seguimos las imprecaciones del “locuaz” Fernando Rey, cuando dice que “cualquier planteamiento que las oponga (a las redes pública y concertada), además de viejo, es muy poco inteligente”.

Todos cuantos han defendido la enseñanza pública por encima de cualquier otra forma de organización escolar, que son la mayoría de los gobiernos del mundo democrático y avanzado, están confundidos. Varios defensores del pueblo, provenientes de las filas de los dos partidos políticos mayoritarios, cuando denuncian las tretas de la enseñanza privada concertada, tanto en la segregación del alumnado como en los resultados académicos o en el cobro camuflado de cuotas (aun después de las sentencias del Supremo en contra), según el Consejero de Educación de Castilla y León, son antiguos y poco inteligentes. Doctores de Ética como Aranguren, Cortina, Savater y Ferrater Mora son carpetovetónicos para Rey. En fin, podríamos seguir, pero no sirve para nada porque la administración, en palabras de su máximo representante en Castilla y León, hace una defensa “rotunda, sin fisuras y rocosa” de la escuela concertada.

El motivo de esas declaraciones parece ser un aniversario de una de las órdenes religiosas que más colegios tiene en Castilla y León: los lasalianos. Poco les preguntó el Consejero que, dado que la LOMCE les da una función social a los concertados, a cuántos alumnos con necesidades educativas especiales matriculan en sus clases, a cuántas minorías desfavorecidas, a cuántos inmigrantes en situación de desprotección social… En concreto, esta orden a la que tanta lisonja concedió el Consejero no creemos que tenga ninguno. Solo lo podemos sospechar porque desde 2006 la administración dificulta cualquier acceso a estos datos referidos a la red concertada. Desde hace un siglo, los colegios de “La Salle” tienen la mala fama de ser unos de las más segregadores, en donde más veces se dice eso de “no es que no queramos matricular a su hijo, pero no tenemos suficiente personal, no hay profesorado de apoyo y en el cole público se le tratará mejor”, frase repetida mil veces en esta y otras congregaciones, mayoritariamente religiosas, que parecen haber confundido el Evangelio con la memoria de resultados. Esos piropos injustos que derrama el Consejero, las odiosas referencias a los que defendemos la red pública y, consecuentemente denunciamos sus inmoralidades y cualquier trato de favor recibido por las administraciones dirigidas por los grupos políticos mayoritarios no son nuevos, sino que son propios de una administración colonizada por los partidos políticos y privada de una de sus facultades fundamentales, que es el control de oficio de la solvencia técnica y la legalidad de las actuaciones.

Cuando hablan de la enseñanza pública, diferentes medios de comunicación (la mayoría) y casi todos los partidos políticos evocan de inmediato la figura de un funcionario anticuado y ocioso, sentado detrás de la mesa, dedicado a pensar en cómo escaquearse o cómo infundir una ideología furibunda a sus alumnos y sobre todo a urdir “trabas burocráticas” para niños y padres.

Esa caricatura la ha fomentado la clase política porque servía muy bien a sus intereses: frente al funcionario de carrera, atornillado en su plaza vitalicia, independiente por esa razón y, por tanto, contestatario a los errores de la administración, estaría el profesor de la concertada, dinámico, emprendedor y presto a aplicar toda metodología activa que seduzca a los papás y a trabajar con muchas tablets y cachivaches, para que estudiar en esos centros sea tan caro que haga que los inmigrantes y las clases marginales ni siquiera se piensen matricular; y encima lo hacen ver como estandarte de la libertad.

Frente a eso, tenemos lo que saben: condiciones laborales peores que en 2010 tras los primeros recortes de Zapatero (en sueldo y extras) y Rajoy (en todo lo demás), continuos bandazos legales sin escuchar al profesorado (y muy poco a madres, padres y alumnos), imposibilidad de consensuar un Pacto de Estado por la Educación y sin voluntad de la administración por establecer un Estatuto Docente que dé un poco de esperanza y claridad a nuestras vidas profesionales. Pero, además, en la enseñanza pública debemos aguantar que las contrataciones de profesorado en los centros concertados solo tuvieran en el curso de inicio de los recortes 30 docentes menos, mientras que en los públicos, como saben, se perdieron 1500. Esos que encontraron empleo en la concertada ya no tendrán que sufrir los escrutinios de las oposiciones, un sistema serio y objetivo (aun con fallos) sobre el que se ha echado tanta basura este verano que no creo que quede nadie por convencer. Imaginamos que la contratación a dedo de los lasalianos es mucho más meritocrática para nuestro Rey.

Tras esa corta travesía por el desierto por la que se deslizaron suavemente la mayoría de centros concertados en los peores años de la crisis, vemos la absurda situación actual: gracias a un apoyo sin fisuras de la administración, en vez de notarse la bajada en matrícula y profesorado, la matriculación en los centros concertados ya se eleva por encima del 25%. En vez de ser subsidiaria y complementaria de la enseñanza pública, se coloca otra vez, salvo honrosas excepciones, como una enseñanza elitista, segregadora y muy volcada hacia el negocio continuo con las multinacionales, a través de las secciones bilingües, cursos y metodologías flojas (aunque las llamen activas) que exigen carísimos materiales. Y todo eso, a pesar de que evaluaciones de diagnóstico, premios a los alumnos, notas en la EBAU, etc., sitúan la Enseñanza Pública en la cima de la calidad educativa, gracias al excelente profesorado que desempeña en ella su labor docente.