"¿Y si verdaderamente esto nos haya hecho cambiar?"
Quinto artículo del serial "Confesiones de un confinamiento".
Lo firma Higinio Romero Martín.
12 de Mayo de 2020

Yo soy uno de esos insensatos, inmaduros, que hoy se ha puesto las zapatillas de deporte y de madrugada me he puesto a correr. ¿Cuánto lo echaba de menos? No es que haya sido un deportista toda mi vida, pero con la crisis de los 40 y un deseo de buscar libertad y de conseguir objetivos a corto plazo, me inicié en el mundo del running, que es como se le llama ahora, y me aventuré a hacer kilómetros, en campo, asfalto, carreras populares… Me hacía sentirme bien conmigo mismo, eso sí, sólo en el momento de conseguir tu objetivo porque hay que decirlo: ¡cuánto se sufre corriendo!

Soy de pueblo, como así me califico; vivo a las afueras de Huelva y provengo de una aldea de Almonaster la Real. ¡Cuánto te echo de menos, terruño de mi infancia! Como buen pueblerino, soy de esos que cuando entran en un lugar da los buenos días, al igual que cuando me monto en un autobús y, asimismo, cuando corro. Tengo la “molestable” costumbre de saludar a todo el que me cruzo. Y ante ese hecho me suelo encontrar que la mitad de las personas, hablando en términos estadísticos, me devuelve el saludo y la otra mitad no se molesta o no quieren que la moleste en ese momento de esfuerzo individual que supone el ejercicio físico.

Pues como uno de tantos, y ante la situación de ahogo que nos ha supuesto este encierro, hoy me coloqué mis zapatos y me eché a la calle a correr, en las primeras luces de la mañana. Y como siempre empecé a saludar a todo el que me encontraba, que todo sea dicho, eran muchos; todos al igual que yo deseosos de libertad. En definitiva, me he llevado la gran alegría de que obtenía la respuesta de mis vecinos. De una gran mayoría. Imposible que me contestaran esos que con sus auriculares, escuchando el último disco de Camela o esos discos a millares de Motivación para hacer deporte, seguían interiorizados en sí mismos como si este tiempo de aislamiento interior psicológico que hemos soportado se les hubiese quedado corto.

Todo esto me ha hecho pensar en algo que nos lleva rondando por la cabeza a todos, y es si toda esta situación del coronavirus nos hará cambiar, nos hará ser mejores personas. Luego pienso que quizás esta pérdida de la invisibilidad pueda ser debida al hecho de sentirnos unidos en algo común, como cuando las personas nos unimos animando a esos deportistas que te representan y, cuando se obtiene una victoria, esa alegría desbordante hace que abraces o le sonrías a ese coparticipe de tu alegría, al que no has visto en tu vida.

Aun así quiero pensar, y necesito creer, que este aislamiento nos haga ver que somos animales sociales y que necesitamos a otras personas. Saquemos una moraleja de respeto y de tolerancia hacia los demás, haciéndonos en el fondo más humanos.

Ánimo a todos. Juntos podemos. Ya queda menos.