"Un día más, un día menos"
Cuarto artículo de "Confesiones de un confinamiento".
Lo firma Luisa Álvarez.
08 de Mayo de 2020

Cuarenta, cuarenta y dos, cuarenta y cinco… ya perdí la cuenta de los días que llevamos en casa mirando la calle desde la ventana, pero si sé que han sido demasiados.

Aquel fue el gran día en el que nos permitieron que los niños pudieran volver a llenar las calles de alegría, de hacernos sentir que estamos vivos, valorando cada respiración, carreras, paseos que el día nos ha regalado, hasta el sol quiso acompañarlos y salió a saludar después de varios días con lluvias y nubes. Ella ya sabía qué vestido quería ponerse, qué juguete coger para su salida, el disfraz de Schimer y Schain, y su patinete. Quería que le cogiera dos trenzas con gomillas de pompones rosa, y salir a la calle cuanto antes: “mamá venga vístete ya, que quiero salir…”.

Le explicamos durante los días previos que tenía que elegir si salir por la mañana o por la tarde, y ella decidió que por la tarde; sin embargo cuando desayunó y vio a los niños en la calle, le pudieron las ganas, estaba nerviosa, gritaba que quería ver a sus amigos aunque fuera desde lejos; estaba impaciente hasta yo, parecía un día de reyes, ¡por fin un paseo! Sin duda el mejor regalo en mucho tiempo. “La mascarilla y los guantes. Candela… no tocamos nada; mamá tampoco va a tocar nada. Y a los amiguitos no podemos abrazarlos, tenemos que vernos desde lejos”. Sin duda, los niños lo tienen todo mucho más claro que nosotros los adultos, son un ejemplo del que debemos aprender cada día, son unos AUNTÉNTICOS CAMPEONES.

Y me he dado cuenta de todo lo que da de sí una hora. Paseamos, visitamos los balcones de los amiguitos que están en casa, los saludamos desde lejos, corremos, ella hace carreras con los amiguitos que nos vamos encontrando cada uno a un lado de la carretera, pero eso no ha importado. Disfrutamos del sol, el calor, el viento, los olores, el ruido de la gente en la calle, sentimos que la vida vuelve poco a poco. E incluso hacemos planes para el día siguiente. Volver a sentir la alegría que desprenden los niños, romper el silencio con sus gritos, el ruido de sus patinetes, sus bicis, los zapatazos de sus carreras….ver cómo sus caras sonríen, valorar las oportunidades que nos ofrecen, aprender que la responsabilidad de hacer las cosas bien nos permite poder seguir disfrutando de ratitos como éstos.

Gracias mi vida, por enseñarme que el trabajo bien hecho tiene su recompensa. Que lo más importante es tener oportunidades para poder aprovecharlas. Que las ganas con la que se vivan los momentos es lo que va a llenarnos el resto del día. Gracias por dejarme compartir estos ratitos contigo. Gracias por darme fuerza en los momentos de flaqueza, sin duda me has dado una lección de vida. TE AMO BICHITO.

Luisa Álvarez