“Siempre cuidando de nosotros”
Tercera entrega de "Confesiones de un confinamiento".
La firma Emilio Gallando Leandro.
06 de Mayo de 2020

Como cada mañana, y ya he perdido la cuenta, me levanto e instintivamente me hago con el móvil, nuestra herramienta de trabajo de este confinamiento, lo hago con el objeto de visionar las noticias, fundamentalmente, sobre el número de fallecidos y la publicación de normativa que nos regula este Estado de Alarma. La primera visualización la realizo con el objeto de examinar si doblegamos la famosa curva y la siguiente para ponerme en contacto con mis compañeros para retroalimentarnos de las normas que puede afectarnos a nosotros, delegados, afiliados o simpatizantes. Pero hace unos días me levanté con la sobrecogedora noticia de que la Comunidad de Madrid ha decidido prescindir de diez mil enfermeros; parece que le memoria tiene un recorrido muy corto, que la improvisación que nos llevó a la precipitación y ésta por ende, a la equivocación y que desembocó en que España sea de los países a nivel mundial con la más alta tasa de letalidad o mortalidad, ha desaparecido. Maldita memoria.

Parece que estos servidores públicos, a los que seguimos aplaudiendo en los balcones a diario, a los que dejaron sus casas para instalarse en muchos supuestos en hoteles u albergues alejados de su familia, que pusieron en peligro su vida, la de sus familias y seres queridos, a estos más que acreditados servidores públicos se les manda incomprensiblemente por el lugar por el que vinieron, o que sencillamente, lemas como “nadie se va a quedar atrás” no se les aplicará a ellos. Como si no nos hicieran más falta, como si el sistema no se hubiera paralizado por el Covid-19 y el resto de especialidades no se hubieran parado y no quedaran por retomar las pruebas externas o los tratamientos, reducir las listas de esperas o cuantas actuaciones médicas procedan, pura y sencillamente porque los “números no cuadran”. Estos Ángeles de la Guarda, que se han extenuado y vaciado por nosotros dándolo todo en la primera línea de guerra, en las trincheras y sin equipos de protección individual en muchos casos, no solamente no “pueden quedarse atrás” sino que se “deben de quedar con nosotros”, por su profesionalidad demostrada, experiencia en situaciones límites y de emergencia, por el amor y dedicación manifestada y demostrada hacia todos nosotros y porque han acreditado que han antepuesto nuestras vidas a las suyas y a la de sus seres queridos, o porque han acreditado su mérito y capacidad.

Por eso, sería necesario que los aplausos de las ocho de la tarde no se queden en los balcones y deberíamos luchar todos porque estos servidores públicos nos sigan cuidando en los lugares en los que tienen que estar, en las urgencias, en los hospitales, en los centros de salud, en las residencias de mayores y en todos aquellos centros que conforman nuestra Sanidad Pública. Hemos comprobado que aún siendo de las mejor valoradas a nivel mundial si no se cuida y se mima, los efectos pueden ser desoladores, por ello vuelvo a pedir que los aplausos “no se queden en los balcones”.