"Crónicas de un Banco"
Tercera entrega de "Confesiones de un confinamiento".
Lo firma Daniel Bujanda Lumbreras.
29 de Abril de 2020

Amanece un nuevo día, con el único sonido que deja el revoloteo de los pájaros en el cielo y el juego de sombras que un ficus dibuja sobre mí espalda.

De repente, mi amigo Plumas detiene su vuelo para preguntarme -¿cómo estas amigo Banco?, ¡Te veo triste y apagado! A lo que con voz melancólica le contesto, ¡echo de menos la vida que tenía antes!

Sim embargo, mi amigo insiste en preguntarme, -¿por qué Banco?

Pues mira Plumas, te lo explico:

-Ya tiene que ser cerca de las 10 de la mañana, a esta hora solía venir todos los días una simpática señora a dar de comer a las palomas, sobre las 11 nunca faltaba mi amigo jardinero, el cual, se sentaba conmigo a comer su bocadillo de tortilla. La tranquilad de la mañana, solo era interrumpida por la chirriante sirena del colegio anunciando la hora del recreo para, poco después, dar paso al grupo de chavales que todos los mañanas venían a contarme historias de rebeldías y adolescencia, solían beber un líquido dorado y desprendían un embriagador humo blanco; se les veía contentos y eso, Plumas, ¡me gustaba! Así llegaba el medio día, cuando mi estado catatónico solo era interrumpido por los cálidos rayos de sol, que ya por esta fecha calentaban agradablemente mi espalda, lo que solía aprovechar para echarme una siestecita antes de que el sol se escurriera por entre las ramas del ficus que me da sombra. Y las tardes, amigo Plumas, ¡eran todavía mejor!, a su cita nunca faltaba la pareja de adolescentes que entre risas y sonrisas intercambiaban saliva y pasaban su tiempo mirando fijamente a eso que llaman “móvil”, y justo al ponerse el sol, siempre aparecían mis amigos los peludos, saltando y corriendo, quienes me alegraban más si cabe la tarde, acompañados por sus dueños, quienes se sentaban a contarme historias del trabajo y otras cosas, planeaban junto a mí como iba a ser sus fines de semanas.

Así pasaba felizmente mis días, como ves amigo Plumas, nunca estaba solo, siempre estaba acompañado, yo les escuché un día hablar algo de “estar confinados”, no sé lo que significa, pero desde entonces nada ha sido igual, la soledad acompaña mis días, nadie me habla y nadie se sienta a contarme sus historias, solo quiero y deseo Plumas, que todo vuelva a ser como antes-.

Daniel Bujanda Lumbreras, sector Administración General de la Junta de Andalucía de CSIF-Huelva.