El anunciado fracaso de la fusión

César Cercadillo, responsable provincial del sector de Sanidad de CSIF-Huelva

Sin información, sin negociación, a espaldas de trabajadores y sindicatos, ocultando datos y cifras… Así comenzó el proceso de fusión hospitalaria en Huelva capital que suponía la unificación de los centros Juan Ramón Jiménez e Infanta Elena. Desde la Junta de Andalucía se anunció el proceso como un proyecto que reforzaba la sanidad pública y que suponía más y mejores servicios y más calidad asistencial para los pacientes. Toda una declaración de intenciones para vender una fusión que no convenció, desde sus inicios, ni a los sindicatos, ni a las plantillas ni a los usuarios del Servicio Andaluz de Salud. Y un proyecto que comenzaba así su andadura no podía tener otro final que su paralización y la restitución de todo lo que se había realizado.

Y precisamente en ese punto nos encontramos ahora, en las negociaciones para volver a los dos hospitales completos, la “desfusión” lo llamamos... La vuelta atrás comenzó a principios de este año cuando el 31 de enero la Junta de Andalucía hizo pública su intención de derogar las órdenes de fusión hospitalaria. Inmediatamente, solicitamos que se pusiera toda la información sobre la mesa para evitar más trampas, acostumbrados ya al oscurantismo, a la falta de transparencia de la Administración. Un cronograma acotado en tiempo y en medidas concretas donde todas las decisiones fueran consensuadas poniéndolas en marcha de forma transparente para evitar los intentos de ocultar determinados movimientos realizados durante los años de fusión.

Tienen que ver la luz toda la documentación y todos los cambios y las reorganizaciones de plantillas y servicios realizados en los hospitales Juan Ramón Jiménez e Infanta Elena durante estos años ya que muchos de ellos se hicieron de espalda a los sindicatos y los trabajadores. Y es que en ese proceso, precisamente realizado sin consenso y sin negociación, se prescindió de numerosos puestos de trabajo y servicios al paciente que se tradujeron en cierre de camas, pérdida de especialistas y reducción de consultas, entre otras consecuencias. En concreto, nosotros denunciamos en su momento que durante el periodo de fusión se incrementó en un 25% las listas de espera para acudir a un especialista y en un 50% las listas para la realización de pruebas diagnósticas.

El año pasado también alertamos de la pérdida de casi un 20% de personal en los hospitales coincidiendo con el proceso de unificación. Según los datos que CSIF pudo recabar (ante la continua negativa de la Dirección Gerencia a facilitar información), de los 3.512 trabajadores con los que contaban los centros en 2014 se pasó a 2.875, lo que supuso 637 efectivos menos.

Con estas cifras y con la preocupante saturación de trabajo y falta de personal en los hospitales, la reorganización del complejo hospitalario tras la derogación de la fusión debe seguir el camino de la coherencia, teniendo como principio rector mejorar la sanidad pública, las prestaciones y los servicios de atención al paciente así como las condiciones de trabajo de las plantillas con una apuesta decidida por preservar, cuidar, dignificar y hacer valer los valiosísimos recursos humanos que tenemos en los hospitales de la capital.

La sangría de personal en el Complejo Hospitalario dejó en muchos momentos los servicios por debajo de los mínimos establecidos en una huelga. Y es que en el proceso de fusión siempre primaron los números por encima de lo que ocurría en los hospitales y de la calidad de la atención al paciente. Hemos asistido a situaciones realmente graves ante la no contratación de profesionales o la contratación en condiciones deleznables. En muchas especialidades ha existido tal deficiencia que se incrementaron por tres las listas de espera y en muchas ocasiones se tuvieron que suspender intervenciones quirúrgicas por la falta de personal.

Pese a todo ello, la labor, la dedicación y el esfuerzo de los trabajadores son los que han sacado adelante los hospitales -y lo siguen haciendo- a costa de no tener descansos, no poder disfrutar de sus días de permiso o doblar turnos. Frente a esto, nos hemos encontrado un equipo directivo incompetente e irresponsable que sólo ha sido capaz de preocuparse por sus números y sus objetivos y no por la atención al paciente y la salud laboral de la plantilla.

Nosotros hemos llegado a hablar de un ERE encubierto aprovechando la unificación de los dos hospitales. Hemos insistido en que la Administración ha aprovechado cualquier proceso relativo al personal para recortar las plantillas, ya de por sí escasas, con la excusa de unificar recursos con la fusión. Todo ello con el fin de mantener las estratosféricas productividades y gratificaciones de los altos cargos o seguir metiendo a dedo puestos directivos y de confianza.

El SAS ha querido hacer y deshacer a su antojo los organigramas y fijar de forma unilateral las condiciones laborales y, de paso, aprovechar la confusión generada para prescindir de un número indeterminado de puestos de trabajo reduciendo las plantillas todo lo posible. Todo ello ha repercutido en la calidad asistencial al paciente que apenas está cinco minutos en consulta, tiene que esperar meses para una simple radiografía y casi un año para pruebas cardiológicas o pasar un día entero en Urgencias. Toda esta situación ha agravado la complicada situación de la sanidad pública onubense que se mantiene a la cola de toda España en medios sanitarios.

Toda esta incertidumbre sobre la organización y la distribución de las plantillas provocó el caos entre los pacientes, que no sabían dónde tenían que acudir cuando iban a consulta. Se dio una imagen bochornosa y vergonzosa de la sanidad pública por la falta de planificación de la Administración. Los hospitales de la capital se convirtieron, así, en el laboratorio donde el SAS ha experimentado su política de unificación a costa de la atención al usuario, que se encontraban con un desconcierto enorme cuando acudía al Infanta Elena o al Juan Ramón, incluso viniendo derivados desde el hospital de Riotinto.

Pero finalmente la cordura se impuso y CSIF ganó en los tribunales su lucha contra la fusión. En octubre de 2016 lográbamos paralizar el proceso en el TSJA con una sentencia que reconocía cómo la unificación se había realizado sin negociación con los sindicatos. Desde ese momento, el camino se fue allanando hasta que en enero de este año la Junta anunciaba la derogación de la fusión. Hasta ese momento, el camino fue largo, larguísimo. Fuimos los primeros en manifestarnos contra la fusión; propusimos un referéndum sobre el proceso; recogimos firmas… Muchas veces nos encontramos solos, poco acompañados; por eso es importante reconocer y recordar que desde el principio estuvimos ahí, cuando nadie más lo hacía y que todos los apoyos que se fueron sumando durante al camino reforzaron nuestra postura. No debe ser cuestión de méritos ni de medallas; ni entonces ni ahora. Pero hay que respetar y saber el sitio que ocupamos cada uno. Es momento de unión, sentido común y a los que nos toca negociar hacerlo, como siempre, pensando en mejorar la sanidad pública que es nuestro patrimonio y nuestro derecho más importante.

Artículo para la revista científica del sector de Sanidad de CSIF-A

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