EL AFÁN TEMERARIO DE RECORTAR.
15 de Octubre de 2013

Artículo de Prensa, publicado el domingo 13 de octubre, en el periódico “EL MUNDO”.


Un profesional sanitario que, en su puesto de trabajo, se contagia de rubéola o varicela no tiene derecho a cobrar el cien por cien de su salario si, por cuestiones obvias, se ve obligado a guardar reposo. Los tres primeros días de baja únicamente percibirá el 50 por ciento con la actual base reguladora de la incapacidad temporal.

¿Qué pretende la Administración autonómica, que el personal acuda a su puesto de trabajo infectado? Imaginemos que así sucediera y que, por cambiar de ámbito, un profesional docente imparta sus clases con varicela. ¿Qué pensarían los padres y madres de sus alumnos? Desde luego que, como mínimo, se asustarían. No obstante, el Consell, con el recorte de la percepción de baja a la mitad los tres primeros días, puede provocar estas situaciones de riesgo.

El afán de la Generalitat Valenciana por detraer dinero de las nóminas de los empleados públicos a costa de sus salud esta llegando a límites insospechados. Como demuestra el borrador que acaba de hacer publico la Consellleria de Hacienda sobre la reducción de prestaciones durante los periodos de baja.

Además del ejemplo anterior podemos aludir a otros casos flagrantes, como el de enfermedades graves caso de la tuberculosis. Si la padece un trabajador de la Administración y coge la consiguiente baja no percibirá el cien por cien de su sueldo hasta que no lleve veinte días postrado. Tampoco lo cobrará en el caso de reproducción asistida o de procesos derivados de situaciones de discapacidad.

El cambio de normativa sobre incapacidad temporal provoca un grave riesgo tanto para los empleados públicos como para la población en general, que verá como aumentan los riesgos de infección por el imperativo sobre sus trabajadores.

Los primeros, con sus sueldos recortados hasta la extenuación por los sucesivos gobiernos nacionales y por el autonómico, se encuentran ahora con el desamparo que supone tener que acudir a su puesto de trabajo aunque padezcan enfermedades graves. Eso o ver reducidos más si cabe sus depauperados salarios. Insólita disyuntiva después de tantas décadas de esfuerzo por tratar de alcanzar un estado de bienestar.

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