Carta de un empleado a los 90 años de historia de ‘Paradores’
El delegado nacional de CSIF explica lo que, a día de hoy, significa trabajar en una empresa pública como ‘Paradores’ que mañana, 9 de octubre, celebra su 90 cumpleaños.
08 de Octubre de 2018

-Hay muchos de ustedes que tienen sueldos mileuristas.

-No, perdone, somos menos que mileuristas: no llegamos a eso.

Así le repliqué a Óscar López, el nuevo presidente de ‘Paradores, en la reunión sindical que tuvimos la semana pasada. No quise poner mi ejemplo que, después de casi 24 años al servicio de la empresa, no alcanzo siquiera esa condición de mileurista. No quise incidir más en este asunto, porque entendí que esa anécdota era lo suficientemente significativa de lo que pasa hoy, 9 de octubre, en ‘Paradores’, el día en el que ‘Paradores’ cumple 90 años de vida. Sin embargo, tanta historia no impide la precariedad que invade el salario de tantos de mis compañeros. Llevo mucho tiempo preguntándome por qué y luchando, desde el sindicato CSIF, en busca de un futuro que nos dé la razón, que nos permita salir a la calle y no ir al límite económicamente.

Tengo 48 años y llevo media vida en ‘Paradores’, donde no sólo he atendido a millones de clientes desde mi puesto en la recepción. También he construido una familia con dos hijos que ya son dos adolescentes. Por lo tanto, nunca podré ser imparcial con ‘Paradores’ que no sólo es mi trabajo. También es parte de mi vida, de mi casa o de mi familia. Por eso me gustaría que no existiese esta distancia y me disgusta pensar que, si hubiese tenido opción a otro trabajo, me hubiese ido de ‘Paradores’ quizás con los ojos cerrados. Pero vivo en una ciudad pequeña y nunca he tenido opción a elegir una alternativa, cuando menos, razonable. Ni siquiera en un sector como el de la hostelería.

Por eso hoy, en el día del 90 aniversario, manejo sentimientos que se cruzan, que entran en conflicto porque, en realidad, su cumpleaños es parte de mi cumpleaños. Yo ni siquiera estaba casado cuando entré a trabajar en esta casa. Entonces todo el mundo me felicitaba porque, en principio, había logrado un trabajo para toda la vida. Nadie podía imaginar que, 24 años después, ni siquiera fuese mileurista o no cobrase nada por antigüedad porque la antigüedad es parte de la fidelidad. Sin embargo, me doy cuenta de que aquí estoy, después de tantos años, y mi esperanza no está encerrada en una caja fuerte. Mi esperanza son mis ojos. Mi manera de involucrarme. Mi manera de luchar y hasta de imaginar que las cosas pueden cambiar como lo imaginé el otro día cuando escuché decir al nuevo presidente, que la empresa tenía previsto gastar más dinero en personal y adaptar nuestras condiciones a los nuevos tiempos.

En mi imaginación no vi palabras huecas, sino el regalo de cumpleaños perfecto, porque, en realidad, 90 años de historia no se merecen otra cosa.