Carta de los funcionarios de la Generalitat después de los atentados terroristas
24 de Agosto de 2017

EL RECONOCIMIENTO DE LOS EMPLEADOS PÚBLICOS

Hace ya una semana de los abominables atentados terroristas y aún nos acompaña el sincero dolor por los muertos, el sufrimiento de los innumerables heridos y el recuerdo y la solidaridad por las familias de las víctimas de estos asesinos execrables. Desgraciadamente, muchos de nosotros todavía guardamos en la retina las terribles imágenes de la vida extinguida esparcida por las calles. Unos seres sin alma, que nos negamos a calificar de humanos, han segado de golpe la alegría, la convivencia pacífica y el optimismo de todo un pueblo y, en su lugar, nos han colmado de angustia y tristeza.

Nos sentimos indignados y preocupados; nos sentimos vulnerables y valientes al mismo tiempo; tristes, pero dispuestos para seguir adelante con nuestro espíritu fuerte y decidido. La esperanza y el optimismo nos han de volver a acompañar. Y esta frase no es una bonita y vacía declaración de intenciones. En los momentos difíciles que hemos vivido, por encima de la indignidad de esos terroristas, se alzan el valor y la solidaridad de los ciudadanos. Y estos seres, en este caso, sí, muy humanos, han demostrado que nada ni nadie nos vencerá. Tal vez no tenemos miedo, o quizá sí, que también es legítimo, pero lo que es del todo cierto es que con el ánimo, la confianza en el futuro y el empuje de todos unidos restañaremos las heridas que estos atentados nos han provocado.

De entre estos conciudadanos admirables, queremos rendir un especial y merecido reconocimiento a los trabajadores públicos. Su profesionalidad y dedicación merecen nuestro absoluto agradecimiento. Mossos d'Esquadra, Policía Local, Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, Personal Sanitario, Servicios Asistenciales… Todos y cada uno de ellos han elevado la dignidad de su quehacer profesional al extremo. Mientras un sector político discutía para salir en la foto y ponerse medallas por las detenciones, mientras otros se culpabilizaban mutuamente por las erróneas decisiones adoptadas en políticas preventivas de seguridad, y mientras que unos terceros se afanaban en publicar que ninguno de los terroristas pertenecía ni apoyaba su opción política, los empleados públicos trabajaban con una dedicación más allá de lo exigible. Horas, trabajo, esfuerzo y resultados. Esto es exactamente lo que justifica el mantenimiento de los servicios públicos y la necesidad de que estos servicios sean prestados por los trabajadores públicos.

Parece que cada vez que hay un problema grave en la sociedad, ahora con los atentados terroristas, ayer con la crisis económica -en buena parte provocada por equivocadas decisiones políticas-, mañana con un conflicto nacional que los políticos no son capaces de resolver con el diálogo, son siempre los mismos los que lo han de sufrir y al mismo tiempo resolver: los funcionarios. Un atentado, y los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad se juegan la vida; recortes sanitarios, y los profesionales de la salud duplican sus esfuerzos; porcentaje mínimo de funcionarios en Cataluña en comparación con el resto del Estado y nosotros, todos juntos (subalternos, auxiliares, administrativos, diplomados y técnicos), cumplimos en su totalidad con las tareas encomendadas; crisis económica, y nos aplican recortes cuantiosos e injustificados (y decían que también imprescindibles para salvar el país) de nuestro salario, y a la vez desempeñamos nuestra labor con rigor y sin recortes. Trabajadores de Prisiones, de Justicia Juvenil, Bomberos, Agentes Rurales, del SOC, de Educación, de Tránsito, de Bienestar, de Justicia… justifican cada día, con su esfuerzo encomiable, la dignificación del empleado público y la necesidad de mantener los servicios públicos como tales.