8M Silvia Moriche: “Es muy diferente trabajar de enfermera en la cárcel a un hospital”
Silvia Moriche, zaragozana de 44 años, madre de dos hijos. Trabaja como enfermera en la cárcel de Daroca. Es responsable de Prisiones de CSIF Aragón
07 de Marzo de 2021
  • ¿Querías ser enfermera desde pequeña?

Lo he vivido en casa desde pequeña. Mi madre es enfermera, mi abuela y mis tías fueron auxiliares de clínica, mi abuelo era celador, mi padre trabajaba en el gimnasio de Trauma… En casa, a la hora de comer, se hablaba de operaciones y de urgencias con mucha normalidad. Desde niña tenía claro que quería ser enfermera. Estudié la carrera en Huesca y enseguida empecé a trabajar. Primero en una clínica en Fraga. Luego en el Hospital Provincial de Huesca siete años.

  • ¿Cómo se te ocurrió ser enfermera de prisiones?

Me estaba preparando con un preparador de oposiciones y la primera oposición que salió, en 2005, era para Prisiones. Y el preparador me animó a probar. Aprobé a la primera, hice un año de prácticas en la cárcel de Soria y desde 2006 estoy fija en Daroca. La verdad es que no sabía dónde me metía, no sabía cómo era el trabajo de enfermera de prisiones. Nunca me lo había planteado. Es muy diferente a trabajar en un hospital.

  • ¿Y cómo es el trabajo de enfermera de prisiones?

Me gusta mucho mi trabajo. En las cárceles estamos un equipo sanitario completo, con médico, enfermeras y TCAE (técnicos en cuidados auxiliares de enfermería). Hacemos atención primaria a los presos: consultas, vacunación, analíticas, repartir medicación… Hay muchos pacientes con VIH, enfermedades mentales, toxicomanías. También atendemos urgencias: sobredosis, autolesiones, accidentes, peleas…

  • ¿Es un trabajo peligroso? ¿Has sentido miedo alguna vez por el tipo de pacientes?

No he tenido miedo nunca. Llevo muchos años ejerciendo allí, estoy acostumbrada a este tipo de pacientes. Son chicos con vidas muy deterioradas. Desarrollamos con ellos una relación cercana, de confianza relativa. Con algunos llevo 15 años, cuidándolos, viendo cómo envejecen. Nos cuentan sus problemas personales y familiares. Con el personal de enfermería son agradecidos, porque saben que estamos allí para atenderles y cuidarles. Con los médicos es una relación más complicada, porque a veces les exigen una medicación y pueden surgir conflictos. Y con otros trabajadores de la cárcel, como los que se encargan de la vigilancia interior, puede haber situaciones más tensas.

  • ¿Cambiarías trabajar en la cárcel por trabajar en un hospital en Zaragoza?

Solo me lo plantearía por la cercanía. Daroca está a 80 kilómetros de Zaragoza y los desplazamientos se hacen pesados. Pero actualmente no se permite el cambio de funcionarios de prisiones al Salud. La Ley de Cohesión y Calidad del Sistema Nacional de Salud de 2003 contempla que los servicios sanitarios de las prisiones deben ser transferidos a las comunidades autónomas, pero solo se ha hecho en el País Vasco y Cataluña. Esto nos perjudica claramente a los trabajadores sanitarios de las prisiones. Hay diferencias salariales muy grandes -que han crecido en los últimos años- y no podemos acceder a concursos de traslados. Por ejemplo, en mi puesto y con mi experiencia, cobro unos 400 euros menos al mes que una enfermera del Salud.

  • En enfermería sois mayoría las mujeres, ¿por qué crees que es así?

Sí, hay mucha diferencia. En Daroca trabajamos 7 enfermeras, 3 TCAE (dos mujeres y un hombre) y 3 médicos hombres. Históricamente la enfermería ha sido una profesión ejercida mayoritariamente por mujeres, vinculada a los cuidados. Empecé a estudiar Psicología en la universidad y leí estudios sobre que puede haber una diferencia biológica entre mujeres y hombres en su comportamiento relativo a los cuidados. Es un tema complejo. Aunque está claro que en la sociedad actual los hombres han tenido que implicarse en la corresponsabilidad.

  • ¿Cómo es tu trabajo sindical en CSIF?

Me afilié hace siete años por un compañero de trabajo de Daroca. Hablé con el delegado de CSIF en nuestra prisión y le dije que quería implicarme más para intentar mejorar las cosas. Ahora compagino mi trabajo en la cárcel con el trabajo sindical. En la prisión trabajamos mucho en la prevención de riesgos laborales, en resolver problemas de los compañeros. Es un trabajo que no tiene horarios. Meto muchas horas en preparar escritos, buscar legislación, atender a los compañeros. Me toca mediar con la dirección de la prisión y dar la cara por los trabajadores. Dialogamos mucho y a veces también toca enfrentarnos. Me gusta el trabajo sindical, hay mucho por hacer pero me gusta ser útil y ayudar a los demás.

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