Empresas públicas: ¿las grandes marginadas?
CSIF recuerda que en muchos casos son trabajadores que no son funcionarios y que también tienen el mismo derecho a recuperar el terreno perdido durante la crisis. Por lo tanto, las reivindicaciones deben seguir el mismo camino que para la Administración.

CSIF recuerda, a través de nuestro sector, la importancia de las empresas públicas. Por eso las reivindicaciones de nuestro sindicato para los funcionarios, como las 35 horas semanales y la subida salarial, también son extensibles para este colectivo de empresas públicas, donde a veces encontramos situaciones como las que retrata el texto de Vicente Clavero, articulista de ‘Público’ y profesor universitario, en el que explica que “lo que genéricamente llamamos funcionarios incluye a personas que, en realidad, no lo son y que están al servicio de la Administración pública en condiciones tan precarias como las que imperan en otras partes”.

Es más, CSIF podría añadir que son trabajadores a los que se pidieron los mismos sacrificios que a los funcionarios de la Administración en época de crisis. No sólo en cuanto al poder adquisitivo, sino también a nivel de horarios como, por ejemplo, explican nuestros delegados sindicales en FUNDAE. La Fundación Estatal para la Formación en el Empleo, “donde hasta entonces hacíamos una jornada laboral de 1.610 horas anuales que marca el Convenio y que hoy superamos por casi 80 horas”. Todo eso, “más allá de que en su momento nosotros también perdimos el 5% del sueldo y de que cada año seamos menos porque aquí ni siquiera tenemos una relación de puestos de trabajo ni de número de puestos por categoría. Sin ir más lejos, aquí ya ni se cubren las jubilaciones”.

FUNDAE, en realidad, es una prueba de lo que encontramos a diario en estas empresas públicas, donde los empleados no deberían tener dudas. CSIF, a través de nuestro sector, reclama que ellos tienen el mismo derecho a recuperar el terreno perdido durante la crisis, porque también fueron víctimas de los recortes, entre otras cosas porque la economía demuestra, tal y como recuerda Vicente Clavero, que “una competitividad basada en sueldos bajos tiene las alas muy cortas”.