El fin de la precariedad
CSIF dedica cada vez más recursos para acabar con este problema. Pero incluso, en las entidades públicas estatales, la precariedad se sigue encontrando en los lugares más inesperados.
11 de Septiembre de 2017

CSIF no admite la precariedad laboral que aparece en los lugares más inesperados. Puede ser en la conversación con un recepcionista de ‘Paradores’ que lleva 21 años de antigüedad, que es licenciado en Turismo, que domina dos idiomas y que no llega a los 1.000 euros. Puede ser en un artículo de opinión que nos recuerda que “es bueno tener utopías pero sin perder de vista que la vida es lo que pasa ante los ojos”. Y puede ser hasta en el corazón de la portada del diario ’20 minutos’ de hoy, en el que se recuerda algo que nos amarga el día: “Los trabajos precarios disparan la siniestralidad laboral”.

La precariedad es un tema que preocupa a CSIF “y al que dedicamos muchos recursos”, como explica Manuel González Molina, presidente del Sector de Entidades Públicas Estatales, donde la realidad de ese recepcionista de ‘Paradores’ no es una excepción. Pero ese es el precio de la precariedad que nos permite encontrar, incluso, en el mundo público a empleados que denuncian a sus empresas para que les paguen lo acordado; a Convenios que llevan años para firmarse y hasta entidades como AENA que maltratan su vocación de servicio público lo que ha llevado a CSIF a pedir este verano “el cese inmediato” de su presidente.

Por lo tanto, no se puede perder de vista a la precariedad, que ataca por todos los sitios y que no es fácil de corregir “en un mundo laboral donde cada vez abunda más la temporalidad, la elevada rotación y la escasa formación en los nuevos empleos”, según González Molina. “Pero el deber de nuestro sindicato es el de luchar. Máxime cuando los analistas estiman que, si la economía sigue así, España acabará 2017 con un crecimiento superior al 3,1%”. Y en un escenario así CSIF reivindica que cada día tenemos más motivos para perder el miedo a la precariedad y que, si el futuro va a ser esplendoroso, el presente no puede ser impracticable. Por eso no queremos volver a ver a un empleado, con 21 años de antigüedad en una empresa pública, que no llega a los 1.000 euros al mes. Pero eso ya lo contaremos otro día con más detalle.