YO NEGOCIO LAS PLAZAS, YO PONGO EL NIVEL… Y SI QUEDAN DESIERTAS, ¿QUIÉN RESPONDE?
16 de de setembre de 2026
YO NEGOCIO LAS PLAZAS, YO PONGO EL NIVEL… Y SI QUEDAN DESIERTAS, ¿QUIÉN RESPONDE?
Desde CSIF creemos que hay una cuestión que debe ponerse encima de la mesa: ¿hasta dónde debe llegar la incompatibilidad entre quienes participan en la planificación y negociación de las ofertas de empleo público y quienes después forman parte de los tribunales de selección?
Resulta cuanto menos llamativo que alguien pueda participar en decidir cuántas plazas se convocan, cuáles van a turno libre, cuáles a promoción interna o al cupo de discapacidad y, después, sentarse también en un tribunal con capacidad para fijar un nivel de exigencia fuera de órbita que termine dejando parte de esas mismas plazas vacías. Mucho poder concentrado para un resultado que, desde luego, merece algo más que un simple “nadie alcanzó el nivel”.
Desde el punto de vista ético y de la necesaria apariencia de imparcialidad, la situación merece una reflexión seria.
Porque la paradoja es evidente: se conoce el problema de la temporalidad, se convocan plazas para reducirla y, finalmente, algunas quedan vacías.
¿Y nadie se pregunta si existe una incompatibilidad, al menos moral, entre planificar la solución y terminar participando en un proceso cuyo resultado mantiene el problema?
Desde CSIF defendemos que el futuro Gran Acuerdo de Selección debe abordar también esta cuestión: reglas más claras de incompatibilidad, más transparencia y más separación entre quien planifica los procesos y quien después los ejecuta y califica.
La Administración exige al opositor hasta el último detalle, es el momento de aplicar el mismo nivel de exigencia al propio sistema.